
En un PH de la ciudad, la Junta Directiva decidió utilizar fondos recaudados de las cuotas de gastos comunes para hacer una mejora en el área social.
La idea, en principio, sonaba bien: renovar un espacio que llevaba años descuidado.
El problema fue otro: el proyecto nunca fue aprobado por la Asamblea de Propietarios.
Algunos vecinos se enteraron cuando ya se habían hecho pagos al proveedor. Otros, cuando vieron que el mantenimiento de ciertas áreas empezó a retrasarse porque “no había suficiente flujo”.
Como suele pasar en estos casos, la molestia no nació necesariamente por la mejora. Nació por la forma.
En un PH, los fondos no son dinero libre de la Junta Directiva ni de la administración. Son fondos de la comunidad, recaudados para cubrir gastos comunes, obligaciones del inmueble, mantenimiento, conservación y funcionamiento general.
Y aquí hay que hacer una diferencia importante.
No es lo mismo pagar un gasto ordinario necesario, como seguridad, limpieza, electricidad o una reparación urgente, que tomar fondos para desarrollar un proyecto nuevo, una mejora adicional o una obra que no estaba contemplada ni aprobada.
La Ley 284 define las cuotas de gastos comunes como las sumas destinadas a cubrir administración, conservación, reparación, seguros, mantenimiento, operación y el Fondo para Imprevistos, conforme a la Ley, el Reglamento de Copropiedad o lo que disponga la Asamblea de Propietarios.
También reconoce el Fondo para Imprevistos como una suma obligatoria destinada a atender obligaciones, obras o expensas imprevistas dentro de la propiedad horizontal.
Entonces, ¿puede un PH usar fondos comunes para proyectos no aprobados?
La respuesta prudente es: no debería hacerlo sin revisar el Reglamento, el presupuesto aprobado y las facultades otorgadas por la Asamblea.
Si se trata de una obra extraordinaria, una mejora o un proyecto que cambia el destino de los fondos, lo correcto es llevarlo a aprobación cuando corresponda.
Porque incluso una buena idea puede convertirse en un problema legal si se ejecuta sin autorización.
Para evitar conflictos, lo recomendable es que la Junta Directiva documente la necesidad del proyecto, solicite cotizaciones, explique el impacto económico, indique de dónde saldrán los fondos y lleve el tema a Asamblea si el caso lo requiere.
Administrar un PH no es solo “hacer cosas”. Es hacerlas correctamente.
La comunidad puede necesitar mejoras, claro que sí. Pero la transparencia y la aprobación previa son las que evitan que una mejora termine convertida en una disputa.


